22.08.09
Uno de los objetivos de la organización era embellecer el lado más glamuroso de la cáscara del gran premio. Valencia no tiene una carrera porque sí. Y no la tiene en la dársena, en lugar del circuito de Cheste, porque sí. La ciudad se ha encontrado con un circuito alrededor de la 'casa' de la 32.ª Copa América porque Bernie Ecclestone pensó que Valencia podía ofrecer algo similar al legendario Gran Premio de Mónaco.
Y eso implica alinear un yate al lado del otro en la Marina. A Jorge Martínez 'Aspar' no se le cayeron los anillos en mayo, durante el Gran Premio de Mónaco, cuando se dio un garbeo por los pantalanes, acercándose a la popa de los yates, para invitarles a Valencia.
Estos barcos de lujo son necesarios para dar cuerpo al gran premio que un día afloró en la cabeza del patrón de la Fórmula 1. El incremento de este elitista grupo de visitantes ha sido notable. De los cien amarres que dispone la Marina ya se han adjudicado más de ochenta. Eso supone un aumento de casi el cien por cien. A este tipo de público también se le ha facilitado la vida en Valencia.
La apertura del puente giratorio durante varias horas al día, que permite a los yates entrar y salir de la dársena a su antojo, es un aliciente más. «Así la gente puede venir el día que quiera», puntualiza Aspar. Y una vez en la Marina, el glamour también está presente, en las zonas de restauración habilitadas durante el gran premio o de exposiciones de artículos de lujo.
Para que no se queden únicamente junto al yate, la organización ha previsto además visitas a la ciudad e incluso a la Albufera. Si se atreven con el calor. Entre los ilustres visitantes, por la dársena ya pasea el magnate indio Vijay Mallya, con su megayate de más de 100 metros de eslora, y algunos de los que Aspar convenció para, después de Mónaco, dejarse caer por Valencia a finales de agosto. (LAS PROVINCIAS)
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