03.01.11
Bernie Ecclestone, el magnate de la Fórmula 1, maneja como estrategia de negocio ofrecer en el futuro a la Generalitat la posibilidad de que la Comunidad concentre todo el oropel del circo de las cuatro ruedas en España. En exclusiva y, por tanto, a costa de la desaparición de la prueba catalana de Montmeló.
Según las fuentes consultadas, la operación incluiría la denominación «Gran Premio de España» para la carrera de Valencia, designada desde su arranque, en 2008, Gran Premio de Europa. Las connotaciones del cambio de nombre son del agrado del presidente del Consell, Francisco Camps, que sopesa la propuesta como una oportunidad de ampliar el impacto económico de un evento que ha sorteado con aceptable soltura las dudas iniciales hasta consolidarse tras tres ediciones de rodaje, pero también como un instrumento de asociación del nombre de España con la región y de ésta con un deporte esencial en la política de grandes eventos desarrollada por la Generalitat en los últimos tiempos.
El Gran Premio de España, celebrado actualmente en Montmeló, tiene una vigencia contractual de seis años, hasta 2016. El contrato con Valencia, tras las tres ediciones ya consumadas, finaliza en 2015. La composición del calendario en los próximos años no está ni mucho menos cerrada dada la «evolución» constante que, año tras año, Ecclestone imprime a sus decisiones sobre el emplazamiento de las pruebas. En este sentido, la operación, de decidirse firmemente la Generalitat, podría materializarse antes de que se produjera la conclusión del contrato con Cataluña.
Son numerosos los factores que juegan a favor de la conversión de Valencia en «santuario» único de la Fórmula 1 en España. Entre ellas, la propia voluntad de Ecclestone de no sobrepasar las veinte pruebas. La singularidad del Valencia Street Circuit, menos convencional que el trazado de Montmeló, encaja además con las preferencia de Ecclestone respecto al diseño de su negocio con vistas a las próximas temporadas. También la afinidad del magnate con los dirigentes políticos valencianos (Camps y Rita Barberá), así como la probada capacidad de persuasión de éstos, pueden suponer una influencia clave para la consecución del objetivo. Actualmente, la entrada ya confirmada de Austin, en Estados Unidos -a partir de 2012-, y el Gran Premio de Rusia -desde 2014-, prefiguran la desaparición de otras carreras que no responden a las expectativas de Ecclestone, fundamentadas en dar prioridad al elemento diferenciador.
Ecclestone, tiene la última palabra respecto al futuro del espectáculo circense automovilístico en España, que tiene dos de las veinte pruebas del calendario bolidístico un año más -situación que también se da en Japón-. La cuestión es si para el magnate británico es demasiado que un mismo país albergue dos citas. ¿El Gran Premio de Europa o el de España? ¿El «Valencia Street Circuit» o el trazado convencional de Montmeló? Dos modelos cara a cara: la pista que recorre la ciudad del Turia y abraza al mar Mediterráneo frente a las tradicionales instalaciones catalanas.
Ecclestone ve el negocio de presente y futuro en los circuitos urbanos. Un formato que entiende más televisivo, espectacular y capaz de engatusar a los patrocinadores y las marcas. Con el permiso de Mónaco, bajo esa concepción urbana nació el Gran Premio de Europa, que se celebra en Valencia desde 2008, y en esa línea está el de Singapur. Este es un punto a favor de la cita valenciana. Si bien las dos primeras ediciones se celebraron en el mes de agosto bajo un intenso calor, Ecclestone escuchó y concedió el cambio de fechas que solicitó la empresa organizadora de la carrera, Valmor Sports, para que la F-1 y sus aficionados se encontrasen con una ciudad más viva, con unas temperaturas más amables y plena actividad en el mes de junio. El jefe del negocio dijo sí para 2010 y también para la edición de 2011 -entre el 24 y el 26 de junio-.
De tal forma, el GP de Europa se mantiene en la parte central del calendario, cuando todo está por decidir y los pilotos ya han superado las primeras carreras de la temporada. Otro aspecto que refuerza a la prueba valenciana, además de que ya se ha asentado en sus tres primeras ediciones, es la singularidad que otorga que los bólidos alcancen velocidades imposibles a escasos metros del mar Mediterráneo. Parte del trazado pasa por la dársena interior del Puerto de Valencia, hecho que permite que la prueba pueda seguirse desde el agua a bordo de los yates y megayates que amarran durante la prueba para seguir la carrera. En la última edición, según los datos recogidos por Valmor, se alcanzó el centenar de embarcaciones. El Gran Premio de España se celebra desde 1991 en Montmeló. Si bien el trazado es de notoria solvencia, el hecho de ser un trazado convencional permanente no encaja en los planes de futuro de Ecclestone.
Además, la prueba del circuito de Cataluña se mantiene en el mes de mayo, siendo la sexta de las veinte pruebas del Mundial. Como le sucede a otras tantas pistas tradicionales, las imágenes que captan las televisiones difícilmente son comparables a las posibilidades que ofrecen los circuitos urbanos en las retransmisiones antes, durante y después de las carreras. (ABC)
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